viernes, 23 de julio de 2010

Gandhi

[b:2ndvh5pn]Tres Cuartos de Arigato No[/b:2ndvh5pn]

De frente a un par de parlantes de estudio (de esos que no mienten) y a la par de un muy sonriente Azzafrack, nos sentamos Paola y quien escribe a escuchar uno tras otro: Arigato, Gran Ciudad, Lo que más dolió, y Ondularte.

Si yo fuera un tanto más sabio, y más optimista, me habría permito llegar a ese sillón con un dejo de entusiasmo, con una gana de sorpresa. Pero lo mío es, por naturaleza, la apatía y la desconfianza. No por desinterés, ni por falta de pasión, sino como una simple y necesaria medida de cautela.

Encaro la vida pues, esperando lo peor, de forma tal que me evito decepciones, y a la vez, fomento placenteras sorpresas. Viene siendo algo así como la psicología inversa de "El Secreto". Hasta el día de hoy, me ha funcionado: Arigato No es otro buen ejemplo.

¿Que Gandhi está compuesto por cuatro musicazos? Sabido. ¿Que pueden entrarle a casi cualquier género? Sabido. Estamos hablando de una banda con cuatros discos y toda una historia (un legado ya) a cuestas. Estamos hablando de un grupo que ha demostrado que no todos los caminos llevan a Roma, porque todos los caminos los han tomado, y Roma para el rock nacional parece ser solo un espejismo.

Dicho esto, que suena tan lapidario, pronto comprenderán ustedes el porqué de mi sorpresa, el porqué de mi inusual entusiasmo.


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[b:2ndvh5pn]Un flashback necesario[/b:2ndvh5pn]

Años atrás, me vi en una posición muy similar. Gandhi presentaba Ciclos y yo les entrevistaba. En los ojos de los muchachos, brillaba entonces, una evidente impaciencia. Una gana de conquistar el mundo con la que finalmente parecía ser el arma perfecta. Estaban satisfechos y orgullosos de su trabajo, se habían demostrado a sí mismos hasta donde podían llegar, que sonido podían alcanzar.

Gandhi alcanzó lo que quería, pero no necesariamente lo que necesitaba. Con la ayuda de Sabo Romo pulieron una colección de canciones que si bien presentaron un sonido más coherente que en ocasiones anteriores (este no era el master palette que fue Páginas Perdidas) sufrieron de una zona gris que las colocó en una posición complicada: No lo suficientemente comerciales para el fan casual, no lo suficientemente progresivos para el fan progre.

Aquel álbum tenía un sonido de primer mundo, una producción impecable, un concepto clarísimo, tallado, pulido, muy elaborado. Era una pieza ambiciosa, y era el sello siguiente (y necesario) en el pasaporte del viaje que emprenden desde hace más de una década estos cuatro muchachos.

[b:2ndvh5pn]La metáfora taurina[/b:2ndvh5pn]

Ciclos, sin embargo, era el torero elegante, el torero experto. El peinado glamuroso, el atuendo impecable. La faena pulida que solo el más experimentado y diestro lidiador puede sacar en el redondel. La que arranca aplausos, la que emociona, pero no la que el pueblo se lleva en el corazón a casa.

Arigato No encuentra a Gandhi entrándole a la bestia de frente, y a por los cuernos. Arigato No se topa con una banda a la que ya no le importan ni las primeras canas, ni ensuciarse el traje. Arigato No es (en efecto) Gandhi sonando no a la banda que quiere (o puede) ser, sino a la banda que es.

Eso señores, es una sorpresa, y una muy agradable.

[b:2ndvh5pn]A lo que vinimos[/b:2ndvh5pn]

El sonido de las cuatro canciones es de primer mundo. Es evidente que está pulido al máximo, y que se aprovecha del más profesional y concienzudo trabajo. Es, sin embargo sorprendentemente fresco, nunca saturado o inaccesible. Rock sucio, distendido, directo.

Tomaré Arigato (tema con el que el disco inicia) como ejemplo, sin adentrarme en aguas que ya navegarán ustedes en marzo próximo. Se los pongo así: Bastó una vuelta para que calara en mis entrañas más que cualquier canción de Ciclos. La canción es honesta, agresiva, cruda, inmediata, rockera.

En su nuevo disco Gandhi no reniega de su pasado, aprende de él. Reescribe. Recupera. Enlaza (incluso con guiños obvios) de una forma natural y transmite una sensación de dirección, de continuidad, de progreso. Gandhi dejó de fijarse en el dónde queremos llegar, y se dejó enamorar por el cómo queremos llegar. [Cualquier referencia a Si llegamos al mar... es pura coincidencia]

De la mano de Stevie Salas los muchachos traen bajo el brazo el más emocionante de sus trabajos. Gandhi se topó de frente con la madurez, y la encaró con el entusiasmo del niño que se desliza por la montaña de barro. Los ojos de Mássimo y Abel no lucen impacientes, lucen inquietos.

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Artículo escrito por Diego Delfino. Tomado de 89decibeles.com [url=http://89db.com/articulos/gandhi-al-toro-por-los-cuernos:2ndvh5pn]<link>[/url:2ndvh5pn]

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